El Cuento

Publicado el ricardogonduq

La alcancía de la gasolina está quebrada

Los colombianos estamos pagando la gasolina más cara de nuestra historia por cuenta del aumento en el precio internacional del petróleo –entendible– que está disparado y parece no encontrar freno, hasta que probablemente veamos la cifra de 10 mil pesos en los avisos de las estaciones de servicio. Pero parece que, al tiempo, en Colombia rompieron la alcancía de 5 billones de pesos que se inventaron para ahorrar en momentos de altos precios como este, pues la tanqueada no dejó de subir cuando el petróleo estaba a precio de huevo –no tan entendible–.

Por: Ricardo González Duque

En Twitter: @RicardoGonDuq

Desde hace 10 años en Colombia nos han vendido la idea de que el Estado de manera muy responsable se preocupa por sus ciudadanos, en este caso los consumidores de gasolina, para evitar que sufran por los cambios intempestivos en el precio del petróleo. Así, en teoría, se evita que cuando a un dictador del Medio Oriente le dé por hacer buen uso del cartel de la OPEP y dispare el precio internacional del crudo –por dar solo un ejemplo– nos quedemos sin ir a visitar a la abuela por tierra en el Eje Cafetero.

Pero inexplicablemente, tanto en época de vacas gordas (petróleo a 30 dólares el barril) como de vacas flacas (a 130 dólares) el precio del galón de gasolina en Colombia no dejó de subir, mes a mes, salvo algunas ocasiones en que el MinMinas parecía burlarse de los usuarios cuando anunciaba una reducción de 10 o 15 pesos.

Miremos: en julio de 2008, cuando el barril de petróleo alcanzó la cifra escandalosa de 131 dólares, los avisos de las gasolineras reportaban que en Bogotá un galón costaba 7236 pesos. Luego, cuando las petroleras empezaron a sudar petróleo porque el precio internacional cayó en diciembre de 2015 al sótano de 33 dólares, los avisos de las estaciones de servicio en Bogotá mostraron una gasolina casi 500 pesos más cara, a 7.818 pesos el galón. Y ahora, cuando el oro negro ha vuelto a tener valor por los 83 dólares que está costando un barril, en la capital del país el precio de referencia que fijó el gobierno es de 9462 pesos. 1644 pesos más cara. ¿Por qué?.

Los gobiernos tanto de Uribe, como de Santos y ahora de Duque, cortados con la misma tijera, han defendido el uso de la alcancía que tiene el rimbombante nombre de Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles FEPC. Su argumento, es que ese ahorro es el que evita los famosos “gasolinazos” tan comunes en países como México o incluso Estados Unidos, donde en un período de tres o cuatro meses el precio del combustible puede dispararse en un 20 o 25%. Acá, el aumento de octubre fue de tan solo el 1.2%. Pero así mismo pasa cuando el precio internacional está bajo, en esos países la gasolina se vuelve incluso tan barata como el agua embotellada: un galón puede costar 2.5 dólares, es decir, un litro de gasolina a 1.800 pesos colombianos.

Probablemente tener una fórmula o la otra dé lo mismo. Paradójicamente, en un país como Colombia en el que los gobiernos han mirado con asco que haya un mayor papel del Estado, en este caso sí les ha resultado conveniente que haya más intervención para “ahorrarle” el dinero de los combustibles a los consumidores. Sin embargo, hay dos problemas que han detectado quienes le han puesto los ojos encima a la famosa alcancía: uno, la idea de que el Ministerio de Hacienda está usando como caja menor el FEPC para otros fines y dos, la queja porque sean los ciudadanos los que paguen la variación y no las poderosas petroleras que reportan billones de pesos en ganancias.

Según Camilo Araque, abogado que en varias ocasiones ha obligado al gobierno a cambiar este modelo de la alcancía sin fondos, los colombianos hemos ahorrado por esta vía más de 5 billones de pesos, que deberían estar acumulados en el Fondo. Esos recursos no se han tenido que utilizar porque el precio internacional siempre ha estado por debajo del que fija el Ministerio de Minas de forma unilateral. Es decir, no se ha tenido que “estabilizar” el precio de los combustibles. Y sin embargo, a pesar de esto, el famoso FEPC hoy tiene un déficit de 6 billones de pesos, según cifras de la Contraloría. ¿Dónde está la plata de la gasolina y en qué la usaron?

El enredo de esta alcancía rota se asemeja al del cargo por confiabilidad, que todos pagamos por años en la factura de energía de nuestras casas y  que era el otro ahorro que les dábamos en ese caso a las generadoras de energía para momentos de contingencia como el Fenómeno del Niño. Como se malgastó, empresas como Termocandelaria que debía asumir la generación, no tuvo cómo responderle al país y terminó intervenida. Esas alcancías, por muy buenas ideas que parezcan, han demostrado que no son bien administradas. El resultado, para Araque, es que con este modelo “con cara gana el Gobierno y con sello pierde el consumidor”.

El otro pero es el que ha puesto sobre la mesa el Partido Liberal, que en un planteamiento para algunos justo, pero para otros populista y falto de criterios técnicos, ha propuesto que la gasolina en el país baje mil o dos mil pesos, si al consumidor se le libra de una serie de impuestos que hoy paga, independiente de la montaña rusa de los precios internacionales.

En la carta que hace una semana le envió al presidente Duque, el senador Luis Fernando Velasco -con la firma de la bancada liberal en el Senado- volvió a pedir que haya un cambio en ese fondo y que la alcancía no la tengan que llenar los consumidores sino los productores de crudo. La propuesta que ya está analizando la ministra de Minas, María Fernanda Suárez, busca que “en las épocas en que aumente el precio internacional del petróleo” –como ahora– “sean las empresas petroleras y mayoristas, que ven un interesante incremento en sus márgenes de ganancia, quienes ayuden a estabilizar el precio de los combustibles y no sea el consumidor quien asuma este incremento.”

La discusión para lograrlo no va a ser fácil y menos cuando los primeros gestos del gobierno Duque pensando en la reforma tributaria, buscan liberar de cargas a los empresarios y trasladárselas a los ciudadanos del común, bajo el entendido de que son los primeros los que generan riquezas y empleo en el país.

Con la plata de la gasolina que no se sabe qué se hizo, quienes seguirán pagando los platos rotos no solo será la clase media con carro, sino toda la cadena de los combustibles, desde el transporte de la papa, el arroz o el plátano, hasta el que compra tiquetes de avión en clase ejecutiva.

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