Ecuaciones de opinión

Publicado el Ignacio Mantilla Prada

Pinchazo millonario

Colombia está muy lejos de ser un país monótono. La cotidianidad en cualquier ciudad nos depara insospechadas sorpresas permanentemente, y así como cualquier noticia, por importante que sea, es rápidamente superada por otra que llega sorpresiva e inmediatamente, también nuestro ‘día a día’ se vive intensamente y el azar es un importante responsable de lo que nos sucede.

Sin embargo, la malicia erróneamente aplaudida y equivocadamente estimulada, así como la mal admirada imaginación para las fechorías, trampas y ‘vivezas’ es una de las principales fortalezas de la corrupción a todo nivel: el aprovechamiento de las situaciones y de las personas decentes en beneficio de los ‘vivos’ que viven de los que comúnmente se les denomina ‘bobos’, hace que aceptemos con gracia y resignación las estafas de las que somos objeto frecuentemente.

Comportamientos como los que hemos rechazado recientemente de algunos compatriotas en los estadios de Rusia, capaces de camuflar licor en recipientes con forma de binoculares, y que orgullosamente exhiben en videos como si se tratase de un gran trofeo, son conductas que todos debemos reprochar. Como colombianos debemos avergonzarnos y no celebrar más, con nuestra complicidad, prácticas que nos presentan ante el mundo como si así fuésemos la mayoría.

Nuestra cultura estimula frecuentemente comportamientos equivocados. Cuando un niño hace algo indebido y sus padres le aplauden como si se tratase de una gracia especial que merece celebrarse, están formando un futuro mal ciudadano.  

Estas reflexiones me han ocupado después de haber sido víctima de un robo, cuya modalidad quiero compartir con los lectores. Se trata de una situación particular en la que me vi envuelto la semana pasada, cuando conducía mi vehículo en la avenida NQS de Bogotá en dirección sur, a la altura de la calle 73. En medio del trancón habitual que se presenta en esta importante avenida, en horas de la mañana, cuando miles de personas se dirigen a sus trabajos, de repente mi carro, que transitaba por el carril de velocidad (velocidad cercana a cero km/h) se pinchó y en pocos segundos la llanta delantera derecha quedó completamente desinflada. En medio de la ofuscación que produce la situación, logré que se me diera paso para orillarme junto a la acera hasta detener el vehículo. Pero milagrosamente divisé a unos 40 metros de distancia un montallantas, que ante esta situación de emergencia me pareció providencial. Anduve el vehículo en ese estado esos pocos metros y me detuve en el lugar ya indicado para que me despincharan y así poder continuar mi camino.

Hábilmente los señores del montallantas, que en realidad son delincuentes estafadores, lograron distraer nuestra atención (yo viajaba con mi esposa y no “solito” como está de moda). La distracción la logran con alguna excusa: cerrar los espejos para que el brazo del gato no los vaya a romper, por ejemplo; o buscar en el baúl del carro un perno de seguridad o alguna otra cosa. Fue así como, en un momento, mientras desmontaban la llanta afectada, la pincharon en cuatro puntos laterales adicionales sin que nos hayamos dado cuenta. Y lo hacen en la parte lateral ya que las llantas modernas tienen un revestimiento de acero en la parte central que dificulta esta malvada acción. 

Finalmente, al examinar el daño, era evidente que había cinco puntos por los que se escapaba el aire, pero adicionalmente la forma en que habían causado el daño de la parte lateral de la llanta impedía poner un parche pequeño; así que el estafador principal, adoptando una postura de experto indicó, con la complicidad de los demás integrantes de la banda, quienes reforzaron su diagnóstico, cuál debía ser el tipo de parche que inevitablemente tenía que usarse. El costo está anunciado en un falso aviso que no se exhibe en lugar visible alguno y solo se me presentó en ese momento. Se trata de un parche de gran calidad, presuntamente importado y recomendado por nuestro casual delincuente experto, que cuesta la módica suma de $48.000.00. Pero como son 5 los necesarios, el costo de la reparación superaba las cifras que comúnmente llevo en efectivo. Pero qué suerte, justo al lado del lugar hay un cajero automático ¿cuál es el problema? Todo está perfectamente planeado para que gracias a la suerte que nos acompaña podamos reanudar nuestro recorrido. 

Y cuando creí que ya todo estaba resuelto y finalmente montaban de nuevo a llanta recién reparada, se me hace observar que la llanta trasera también debe estar pinchada, pues “…mire cómo está de bajita”. Es evidente que mientras me distraje con el arreglo de la llanta delantera y la elección del parche, me pincharon, también en 5 partes laterales, la llanta trasera y me repitieron la dosis ya narrada. 

Como consecuencia, gracias a una rebaja conseguida, tuve que pagar solo $400.000.00. Pero el daño de las llantas fue tal, que al terminar de escribir este texto debo hacerlas revisar, pues parecen desinflarse continuamente; seguramente deberé entonces comprar nuevas llantas y ya ustedes podrán calcular el costo total de este acto, que en realidad fue un atraco, pues los delincuentes se dedican a elegir a sus víctimas con acierto, de tal manera que pasamos a formar parte de los denominados “bobos de los que viven los vivos”.   

Al contar esta historia a algunos amigos y familiares, después de oír la frase frecuente “…es que dio papaya”, he conocido que es una práctica común y que los falsos ciclistas, los aparentes vendedores ambulantes, los cómplices en motocicleta, los que se camuflan como indigentes y algunos jóvenes dedicados a limpiar los vidrios de los carros en los semáforos, son los encargados preferidos para provocar falsos pinchazos y dar así el primer paso del atraco antes narrado.

Naturalmente, si ahora me preguntasen qué haría ante una nueva situación como ésta, diría que de ninguna manera acudiría a un montallantas que no me dé confianza. Preferiblemente debe cambiarse una llanta pinchada por la de repuesto en el lugar, así solo presentará un pinchazo. Como es habitual que paguemos un seguro, es preferible esperar a que se nos atienda en el lugar, antes de permitir que estos falsos trabajadores nos asalten.

Creo, finalmente, que las licencias para el funcionamiento de los montallantas deben llenar unos requisitos mínimos de seguridad para los usuarios. Espero también que este suceso sea conocido por la policía y que compartamos esta alerta para evitar nuevas víctimas.  

* Profesor Titular Ten., ex rector Universidad Nacional

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