Ecuaciones de opinión

Publicado el Ignacio Mantilla Prada

El origen de la palabra Google

La invención de una palabra para dar nombre a una nueva idea no es lo mismo que la adopción de un viejo término para nombrar esa idea nueva. Un buen ejemplo para mostrar la aparición de una nueva palabra, usada hoy universalmente, que dio nombre a una idea, es precisamente la palabra Google, inspirada en otra palabra, que había sido inventada por el matemático norteamericano y profesor de la Universidad de Columbia,  Edward Kasner.   

El profesor Kasner falleció en 1955, antes del uso generalizado de ese poderoso motor de búsqueda de Internet llamado Google, palabra con la que originalmente se denominó a “un número gigante que representa una cantidad de información, aparentemente infinita, que pretende ser organizada”. 

En 1940, junto con el también matemático James R. Newman, Kasner escribió un libro no técnico de matemáticas, titulado “Las matemáticas y la imaginación”, donde mencionó por vez primera el término ‘Googol’, (pronunciado ‘Gúgol’ y así mismo traducido hoy al español), de donde proviene la palabra Google.

La historia detrás de este término está agradablemente narrada en el libro antes mencionado y me apoyaré en él para compartir con los lectores algunos detalles. El asunto comienza con la importancia que los autores Kasner y Newman dan al origen que tienen nuevas palabras, vocablos y términos para describir nuevos conceptos, abundantes en todas las áreas, pero también a la reflexión sobre la manera como viejas palabras pueden renovar o aumentar el número de sus significados. Un buen ejemplo, muy actual de esto último, es la palabra “mermelada” en Colombia.

Para ninguno de nosotros es desconocido, especialmente en la era del Internet, el alto volumen de nuevas palabras que tenemos que aprender continuamente. Por otra parte la adopción de algunos nombres en países que comparten la misma lengua puede ser diferente, como sucede por ejemplo con el nombre del celular en Colombia, que en España se denomina “móvil” y cuya traducción al alemán como “Handy”, ni siquiera resulta natural.

He podido comprobar cómo algunos amigos colombianos que viven en el exterior o han vivido por largo tiempo fuera, al volver a Colombia tienen que aprender el nuevo nombre de algunas cosas o aprender nuevas palabras que ya se usan cotidianamente y que ellos desconocen. 

El Profesor Yu Takeuchi hace unos años me contaba que después de vivir en Colombia por más de dos décadas sin ir a Japón, su país de origen, tuvo una increíble experiencia al volver de vacaciones, como fue recibir respuesta en inglés y no en japonés de una vendedora, cuando preguntó el precio de un artículo. También me contaba cómo se sintió desconcertado al comprobar que en el hotel donde se hospedó no le comprendían al pronunciar en su lengua materna el número de su habitación 1003. Y tuvo que preguntar cómo se dice: ¿diez cero tres? ¿mil tres? ¿mil cero cero tres? ¿uno cero cero tres?.

En matemáticas, como bien lo señalan Karsen y Newman, hay una actitud más conservadora de apegarse a vocablos viejos y sencillos. Así por ejemplo, los nombres que empleó Euclides en su famosa obra ‘Elementos’ están aún vigentes y es conocida una famosa definición, con buena dosis de humor, que la presenta en la siguiente forma: “La matemática es la ciencia que usa palabras fáciles para expresar ideas difíciles”.

Justamente la historia del vocablo gúgol surge de la tarea de buscar un nombre fácil para un número muy grande. En el libro antes mencionado se narra que estaba lloviendo y se pregunta a los niños cuántas gotas de lluvia caerían sobre Nueva York. La respuesta más alta fue 100, porque nunca habían contado más allá de 100. Como se trataba de describir entonces algo muy, muy grande, se acudió a la palabra “infinito”, tal vez por la costumbre en los medios de usar la palabra infinito para referirse a un número grande, como un billón de billones.

Pero un número grande, por muy grande que sea, es definido y finito. No obstante, cuando se habla de números grandes la gente tiende a perder la razón; se cree que “como cero es nada”, se pueden agregar tantos como se quiera sin tener consecuencias. 

Un buen y comprensible ejemplo de un número grande es 10^16, que según se ha estimado, corresponde al número total de palabras que se han escrito desde la aparición de la imprenta de Gutenberg.

Pero en la verdadera historia, el nombre gúgol no fue invento del profesor Karsen sino en realidad fue propuesto por su sobrino cuando tenía nueve años de edad. Karsen le pidió que propusiera un nombre para un número muy grande, 1 seguido de 100 ceros (o sea 10^100). Al mismo tiempo que sugirió la palabra gúgol, el niño dio un nombre para otro aún mayor: un ‘gugolplex’, que continúa siendo finito como se animó a decir el niño. La definición del gugolplex es genial: un 1 seguido de tantos ceros, hasta que uno se canse de escribirlos. 

Bueno, esto sería lo que sucedería si uno tratase de escribirlo, pero no todos nos cansamos en el mismo cero, así que un gugolplex es en realidad un número mucho mayor que un gúgol, mayor también de un gúgol de veces un gúgol (= 1 seguido de 200 ceros). Un gugolplex está constituido por tantos ceros como un 1 seguido de un gúgol de ceros. Mientras que un gúgol es igual a 10^100, un gugolplex es 10 elevado a la potencia gúgol, es decir, 10^(10^100) = 10^(gúgol) = gugolplex. No habría lugar suficiente para escribirlo explícitamente usando el espacio entre la Tierra y Marte, poniendo cada cifra en medio centímetro.

Pero por muy grandes que nos parezcan ciertos números, siempre son finitos y difícilmente se encuentran ejemplos de cosas que superen en número a un gúgol. Ni siquiera el número de todos los poros por los que respiran todas las hojas de todos los árboles del mundo es mayor que ese número; es más, ni siquiera es mayor el número de electrones en el universo, calculado por Eddington en 1939, que se estima en 1.57×10^79, es decir mayor que un 1 seguido de 79 ceros; pero menor que un gúgol. 

Cuando se abordan problemas de investigación sobre electrones o combinaciones, se necesitan números mayores que los usados comúnmente y nombres como gúgol o gugolplex, aunque parezcan bromas, tienen gran valor. 

Tal vez lo narrado explique por qué la palabra Google también se acostumbra escribir a veces agregando la letra ‘o’ repetidamente: ’Gooogle’ o ‘Gooooogle’.

@MantillaIgnacio

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