Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

¿Qué tienen los matrimonios que duran?

¿Qué tienen los matrimonios que duran? Muchos se han hecho esa pregunta, y para responderla se han estudiado miles de parejas estables con el objetivo de ver qué características comparten.

Los hombres y las mujeres buscamos distintas cualidades en el otro. Mientras que los hombres aseguran que les interesa que haya compatibilidad en las ideas para criar una familia y que ella sea muy atractiva sexualmente, las mujeres dicen que buscan un hombre que ofrezca seguridad económica y estabilidad emocional.

Aunque todavía en muchas culturas se practican matrimonios por conveniencia, en el primer mundo y en Occidente la mayoría de la gente quiere casarse por amor. El amor, ese estado emocional parecido a la ebriedad, que aparece mágicamente al conocer al “otro”, se da más fácilmente entre dos personas que comparten un nivel similar de inteligencia, educación y recursos económicos. También se ha notado que hay todavía más correlaciones, que los parecidos se buscan, por eso las parejas no difieren mucho en el tamaño (dos altos, dos bajitos, dos flacos, dos gordos) ni en el atractivo físico; aunque, en las parejas que duran, se ha visto que ella es casi siempre un poco más joven, atractiva y más delgada que él.

El autor del libro Treinta lecciones para amar, Karl Pillemer, dice que las relaciones empiezan con el deseo de compartir la vida con el otro; pero más que esto, con la sensación de que no somos capaces de vivir si el otro. Para Pillemer, los matrimonios duran si los implicados tienen buenas capacidades para soportar la habituación, con ello la monotonía y con ello el desencanto.

Bradford Wilcox, director del National Marriage Project, cree que todo empieza con la decisión de “permanecer casados”. Pues todo matrimonio feliz va a vivir muchos momentos de infelicidad y debe ser capaz de sobreponerse a ellos.

También se ha visto que las parejas que duran se respetan y se admiran. Aceptan las fallas del otro sin insistir verbalmente en señalarlas, pues el otro es un aliado en la vida. Tienen un nivel alto de intimidad. Se trata de sentirse entendido y aceptado. Cada uno contribuye al crecimiento de la autoestima del otro. El irrespeto, la burla y la crítica son armas de destrucción matrimonial, que ninguno de los dos acepta.

Las parejas que duran se comunican como si estuvieran defendiendo los intereses de una empresa. Resuelven los problemas oyendo al otro, con el deseo de encontrar soluciones comunes, no de imponer las propias soluciones. La generosidad y la amabilidad son factores comunes entre las parejas felices.

En las parejas que duran, la relación es justa respecto a la cantidad de trabajo puesto en aras del bienestar del hogar, mantenimiento de la casa y crianza de los hijos. Se reparten funciones pero con equidad. Los pequeños detalles de generosidad con el trabajo de la casa o aporte económico actúan como lubricantes de la relación.

La creatividad y el aporte de novedades y entusiasmo en la vida cotidiana son estrategias para combatir la monotonía. Si uno de los dos inicia planes, propone ideas y es activo, y si el otro adhiere a sus actividades, la vida se siente más como una aventura compartida. Compartir pasiones o al menos tenerlas hace más divertido el tiempo juntos. En los matrimonios que duran, el otro es el mejor amigo y el más fuerte aliado.

Los matrimonios que duran saben que amar es un verbo que implica acción; acción para acariciar al otro, admirarlo, serle útil, para sacrificarse y dar.

 

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