Seguimos usando un teclado absurdo. El matemático y divulgador científico Antonio Vélez nos propone un teclado inteligente. Necesitamos gente que haga los cambios.

Porque si la historia no fuera  tan enloquecedoramente retorcida no estaríamos aquí para gozar de ella.

Stephen Jay Gould

El teclado de los computadores modernos es una herencia de las ya centenarias máquinas de escribir. E igual a lo que ocurre con toda herencia cultural, los descendientes heredan tanto lo bueno como lo malo. Pues bien, el teclado del computador heredó la distribución original de las letras, una idea por la cual debemos maldecir al ingeniero Christopher L. Sholes, inventor de la máquina de escribir. En el primer modelo construido, al intentar escribir con cierta rapidez, o cuando la máquina caía en las garras feroces de un niño, las palancas de las  teclas se enredaban y se detenía la escritura. Para resolver el inconveniente, Sholes tuvo la idea atravesada de distribuir las letras sobre el teclado de tal modo que la escritura del inglés resultase  l o   m á s   l e n t a   p o s i b l e. Es así que los teclados actuales descienden de uno construido por la Remington en 1874, apodado QWERTY, por las letras que aparecen en la tercera fila, diseño que ha perdurado hasta hoy sin cambios notables.

Se explica el éxito de tal absurdo cultural si recordamos que en esa época el tiempo no era oro y que, además, poco importaba gastarse una hora más tecleando una carta, si el correo se movía sin afanes, al ritmo lento de carretas y barcos de vapor. Por tanto, la preocupación del inventor debió ser la de construir una máquina que simplemente escribiese. Grande sería la sorpresa de aquel si despertase ahora y se enterara de que a pesar de su inhumano diseño, ha conseguido mantenernos cautivos de su atravesada idea por más de un siglo.

Ahora bien, como el teclado se instala con su propio software, no sería mucho pedir a los programadores de Windows y a los constructores de teclados que nos ofrecieran opciones nuevas, con algunas novedades en su manejo. Opciones que se activarían a voluntad para el idioma que estuviésemos manejando en cada momento. Y que se conservara el orden de las letras sobre el teclado, dado que son millones de usuarios que deberían cambiar sus automatismos, una decisión bien improbable.

Y como soñar no cuesta nada, comencemos manifestando algunos deseos (solo para el español). Por ejemplo, suena tentador la opción de ligar la q con la u, de tal modo que al pisar la primera se escribiera automáticamente su esclava inseparable, la u. Entonces, si tecleo qien, aparecerá escrito quien. Y al escribir Qatar aparecerá escrito Quatar; pero no importa, al final, con las demás correcciones, que no faltan pues errare humanun est, borraremos la u. Téngase en cuenta que un trauma similar al anterior sería despreciable, pues en español son poquísimas las palabras que llevan q sin u, todas ellas nombres propios de uso muy restringido.

Sigamos con el sueño: una vocal tildada se escribiría accionando la letra correspondiente y haciendo doble clic sobre ella, operación casi tan sencilla como accionarla sólo una vez. Por ejemplo, para escribir mamá, después de teclear mam se accionaría la a, pero con doble clic, esto es, aa, en seguidilla. Más sencillo, imposible.

En español existen ciertas combinaciones de letras que se repiten con frecuencia: terminaciones verbales, prefijos, sufijos y otros más por los cuales se pueden hacer travesías de doble clic. Por ejemplo, los adverbios terminados en mente, tan poco apreciados por Gabo, nuestro Nobel, pero tan comunes. En estos casos se podría programar el teclado para escribir la palabra correspondiente hasta llegar a la m, para luego hacer doble clic sobre esta. Así, para escribir la palabra rápidamente, teclearíamos la palabra rápida y luego haríamos doble clic sobre la m; el computador escribiría la palabra rápidamente. Para escribir psicoanálisis bastaría escribir p con doble clic y continuar con análisis. Y así, otras combinaciones del español podrían abreviarse haciendo doble clic en la primera letra de la combinación: por ejemplo, ble, ción, sión

La tecla Mayús (Shift) podría reprogramarse de tal suerte que no exigiera la incómoda simultaneidad; es decir, que se pisaría solo una vez antes de la escritura de la letra que se desea poner en mayúscula. Y si deseo un texto en mayúscula sostenida, bastaría hacer doble clic sobre la tecla Mayús (Shift) antes de comenzar a escribir el texto requerido. Al terminar, para salir del estado de bloqueo de mayúscula, bastaría repetir el doble clic en la tecla Mayús, y así se desactivaría. Sobraría la tecla Bloq Mayús, que podría usarse para otra función.

La barra espaciadora podría partirse en dos mitades, de tal suerte que la mitad de la izquierda se operaría con el pulgar izquierdo, y seguiría desempeñándose como espaciadora, creando un espacio en blanco, mientras que la mitad de la derecha se operaría con el pulgar derecho y accionaría la tecla Entrar (Enter), usada para indicar fin de párrafo o salto de línea. Así, entonces, con el pulgar izquierdo se accionaría el espacio corriente, y con el derecho, el fin de párrafo o cambio de línea.

Como los teclados actuales son meros circuitos integrados, y las teclas, interruptores, es posible hacerles cambios sustanciales en el diseño, sin mayores sobrecostos. Parece, entonces, tarea fácil asignar a la mayoría de las teclas tres caracteres. De hecho, ya hay varias así (la tercera opción se acciona ahora con el auxilio de la tecla Alt Gr). Un teclado que tuviese este diseño ofrecería al usuario la posibilidad de escribir  directamente unos treinta símbolos especiales, que podrían estar siempre disponibles al frente del usuario feliz.

Los símbolos que tienen abre y cierre, como los de interrogación, admiración, comillas, paréntesis, corchetes y llaves, deberían aparece cada uno en la misma tecla, de tal modo que al accionarla una vez se produjera el signo de apertura, y al accionarla con doble clic apareciera el de cierre. Conviene señalar aquí que las comillas angulares («  »), tan solicitadas por las editoriales y tan olvidadas por los diseñadores de teclados, deberían estar a la vista y como tercera opción, junto con las otras comillas; esto es, usar una sola tecla para tres clases de comillas.

No sobra añadir que todos los cambios que impliquen la utilización de programas (software) especiales relacionados con el teclado deben ser opcionales, de tal modo que aquellas personas que no se sientan cómodas con la reforma, o que posean un programa neurológico inmodificable, puedan, por medio de alguna de las opciones denominadas personalizar, suprimir a voluntad las modificaciones. No olvidemos en ningún momento que la humanidad se caracteriza por su universal resistencia a los cambios.

Aceptemos que la vida moderna nos ha hecho dependientes del teclado, y el tiempo ahora sí es oro, por eso es muy importante que los fabricantes y los diseñadores de software se apiaden de nosotros y nos hagan la escritura más amable. Que no sigamos pagando por el pecado original de Sholes en complicidad con la Remington. Y como soñar cuesta muy poco, seguiremos suspirando por cambios que aceleren la escritura y la hagan más cómoda. O ¿será que estamos condenados a cargar hasta el fin de los siglos el pecado original de Sholes?

Pero… ¿hasta cuándo? Hasta el fin de los tiempos, creen muchos, pues cambiar las costumbres humanas de viejo arraigue es labor reservada sólo a quijotes, muy escasos, por cierto. Sin embargo, ahí les queda la inquietud. Y si el lector tiene ideas transformadoras sobre el teclado, por favor láncelas al aire.

La vida moderna nos ha hecho dependientes del teclado, por eso es muy importante que los fabricantes lo hagan más amable. Que no sigamos pagando el pecado original de su inventor. Ahí les queda la inquietud, como dicen. Soñar no cuesta nada.

Antonio Vélez M.

 

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