Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Los problemas de los inteligentes

Natalie Portman una actriz con IQ por encima de 130
Natalie Portman una actriz con IQ por encima de 130

Quienes son más inteligente que el promedio poseen una ventaja magnífica pues viven más tiempo, son más exitosos en sus trabajos y tienen menos probabilidades de cometer errores que los lleven a tener accidentes, o a la quiebra económica. Así como quienes son bellos o delgados, se han ganado esa lotería al nacer, además de la de haber nacido (que, según el biólogo Richard Dawkins, es la primera lotería que nos hemos ganado, pues nuestra singular existencia es bastante improbable). Sin embargo, las características buenas no son totalmente positivas: cuando se estudia a sus portadores se ve que conllevan sus problemas.

En este caso, lo malo de lo bueno está en los desórdenes mentales y físicos que van ligados a la inteligencia superior.

En la revista Intelligence se publicó hace poco el estudio que la investigadora Ruth Karpinski realizó en personas con un IQ de 132 o más alto; lo que quiere decir, en personas cuya inteligencia está en el 2% superior, ya que el valor promedio es de 100. Su estudio reveló que los desórdenes más comunes entre los inteligentes son la ansiedad y los trastornos de la personalidad, así como la depresión y la bipolaridad. Según la doctora Karpinski, los inteligentes reaccionan al medio ambiente sobreexcitadamente, comparados con las personas promedio. No es difícil imaginar que un cerebro que procesa más datos, lo hace con más eficiencia, dimensiona y predice con mayor propiedad, se siente más ansioso ante la información, que un cerebro más lento y menos predictor.

Jodie Foster, una actriz con IQ superior
Jodie Foster, una actriz con IQ superior

Los inteligentes, por lo general, son más obsesivos y más compulsivos (26.7 % lo son contra el 10 % de la población promedio), no descartan un problema hasta verle la solución, no dan el brazo a torcer fácilmente; como decimos en Colombia, rumian los problemas durante más tiempo y con mayor intensidad; así reaccionan frente a las críticas o frente a las fallas y errores que cometen; están menos dispuestos a que la vida fluya naturalmente, y más dispuestos a cambiar su rumbo: a ser “los amos de sus destinos y los capitanes de sus almas”. Los muy inteligentes analizan y sobreanalizan las situaciones, y eso hace que haya estrés y una respuesta fisiológica a este. Por eso, no solo sienten mucha angustia sino que además sufren de alergias más que el resto de la población (33 % contra el 11 % de la gente con IQ promedio), adolecen de asma y de enfermedades autoinmunes. La inteligencia, así como el albinismo, tiene un efecto pleitrópico sobre las emociones, que vuelve más reactivo el sujeto frente al entorno.

En algunos ámbitos académicos, de corte postmoderno, se discute la idea misma de “inteligencia”. Al respecto, cito al sicólogo y profesor emérito de la Universidad de Irvine, California, Richard Haier: “Existe una abrumadora evidencia que respalda las ideas de que la inteligencia es algo real que puede medirse de forma confiable y válida, sin prejuicios, y que las medidas predicen muchas variables del mundo real que son importantes para la mayoría de los seres humanos. También existe un amplio acuerdo en que un componente de la inteligencia es la capacidad general (llamado factor g) para razonar y resolver problemas en una amplia gama de situaciones. También hay una evidencia abrumadora de que los genes juegan un papel importante en la explicación de las diferencias en inteligencia entre los individuos.

En el siglo XXI, sabemos que los genes no son necesariamente deterministas, son probabilísticos, y estamos aprendiendo cómo cambiar los genes y su expresión funcional. Este es un gran objetivo mundial en la medicina. La neurociencia tiene herramientas poderosas que nos permiten pensar qué aspectos de la función cerebral, como la inteligencia, que están bajo un control genético parcial, pueden modificarse ajustando la expresión genética.”

Confiemos en que los inteligentes angustiados encuentren la manera de cambiar los genes para que haya menos tontos.

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