Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Los antioxidantes parecen no ser más que otro mito

La idea de los antioxidantes como fuente de eterna juventud se le ocurrió una mañana de 1945 al químico Denham Harman. Este sabía que la exposición a cualquier tipo de radiación producía un incremento de radicales libres en el cuerpo, y sabía que las dietas ricas en antioxidantes disminuían el número de radicales libres. En la medida en que envejecemos los radicales libres aumentan; respirar y vivir los producen. Harman juntó las dos ideas y redujo el problema del envejecimiento a un aumento de radicales libres. Si esta era la causa, disminuirlos sería la panacea de la eterna juventud.

En términos moleculares, la oxidación es la remoción de un electrón de la molécula, causada por los altamente reactivos radicales libres. La oxidación se puede entender como un robo continuado que se le hace a la célula, esta se va dañando, hasta comprometer el órgano al cual pertenece.

En varios experimentos realizados recientemente en aras de comprobar esa relación de aumento de radicales libres y envejecimiento, se suprimen los antioxidantes del cuerpo de los gusanos, el número de radicales se dispara con el incremento de oxidación de las células. Sin embargo, los gusanos mueren después de vivir el tiempo normal y a pesar de los daños en el cuerpo, producidos por la oxidación. En otros laboratorios se han hecho experimentos parecidos con ratones. Se les aumenta al doble el número de antioxidantes en sus cuerpos, se espera que vivan más tiempo y no ocurre así; mueren al mismo tiempo que aquellos ratones cuyo nivel de antioxidantes es normal.

Todo indica que la teoría de los antioxidantes está equivocada. Aún no se sabe qué significa estar joven a nivel molecular, ni qué factores hacen la diferencia. No se ha comprobado la relación entre aumento de antioxidantes en el cuerpo y aumento de vida; es más, parece que los radicales libres son beneficiosos en ciertos contextos aunque sean deletéreos en otros. El daño por oxidación va de la par con el envejecimiento, pero no es necesariamente una patología.

Por el hecho de que los radicales libres se acumulen en la medida en la que envejecemos no quiere decir que envejecemos debido a esa acumulación. Puede ser consecuencia del envejecimiento, no la causa. No nos envejecemos porque nos salgan arrugas sino que nos salen arrugas porque nos envejecemos. Es muy probable que envejecer no tenga una sola causa y ni una sola cura, sino que sea un proceso complejo debido a muchos factores.

Por ahora, sigue siendo válido que para vivir una vida más saludable, nos queda comer muchas frutas y vegetales y hacer ejercicio; aunque hacer ejercicio aumente el número de radicales libres. Sin embargo, en experimentos con ratones se ha visto que aquellos que hacían mucho ejercicio sin tomar vitaminas se encontraban en mejor estado de salud que los que hacían ejercicio y se les suministraba vitaminas. El ejercicio produce un efecto que los biólogos llaman autofagia. En este, las células reciclan piezas celulares sobrantes y fragmentos sueltos de proteínas. La autofagia también reduce los radicales libres. Ya se ha visto que, ni los radicales libres son malos siempre, ni los antioxidantes son buenos.

Después de muchos estudios se ha llegado a la conclusión de que de no haber deficiencia comprobada de una determinada vitamina, no es recomendable tomarla. Las vitaminas benefician a los viejos y a las personas con dietas pobres o desbalanceadas; las E, C y el betacaroteno cuando no son necesarias pueden causar cáncer de pulmón y enfermedades del corazón.

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