Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Sobre la belleza y el consuelo, con George Steiner. Parte I

George Steiner es un intelectual francés-americano muy conocido en el mundo de las humanidades (nació en 1929 y está vivo). La conversación con Steiner para el programa holandés Sobre la belleza y el consuelo es especialmente hermosa. En otro blog comenté sobre el mismo programa, esa vez realizado conel físico Steven Weinberg. La capacidad de Steiner para expresar sus ideas es inigualable. Steiner, al hablar, parece leyendo, pues domina el arte de la narración. Su conversación es perfecta, interesante e hilada, abrumadoramente hermosa. Algunas personas creen que para Steiner la belleza y el consuelo están en la literatura, pues ese es su dominio. Pero no, no se queda allí: él va más allá, y en este blog intentaré mostrar otros aspectos, otras ideas que se quedan dando vueltas en la mente después de oír el programa. Vale aclarar que la narración en holandés que hace el entrevistador, Wim Kayzer, se queda por fuera de lo dicho aquí.

Todo empieza con la lectura de párrafo de la novela Fiesta (The Sun Also Rises), de Hemingway. Con esta lectura, Steiner nos da una primera lección sobre el poder inconmensurable de las palabras simples bajo el dominio de un gran escritor. Dos muy buenos amigos van en un bus, ellos creen que se aman; sin embargo, pronto van a traicionarse. Se describe el paisaje por el que atraviesan, las nubes, las montañas, el viento, y se menciona un lugar: Roncesvalles (con este nombre se hace alusión a un poema épico medieval, La canción de Rolando, en el que ocurre una batalla o, más que una batalla, una emboscada). Antes de llegar, los amigos mencionan el frío que sienten, pero no es al frío físico al que se alude, es al frío del corazón. Steiner lee y nos explica cómo los grandes artistas de la palabra logran decir todo sin decir nada. Los jóvenes necesitan leer con notas a pie de página que expliquen esas referencias, dice Steiner. Usualmente, la gente no reconoce, ignora que el título mismo del libro de Hemingway es sacado del Eclesiastés.

Para Steiner, el consuelo y la belleza son conceptos que varían según se miren, o intelectualmente, o estéticamente, o desde un punto de vista subjetivo; pero ambos son pareja de un mismo baile. Después de trajinar mucho con las palabras, Steiner cree que en las fronteras del lenguaje, los conceptos son muy físicos, que las palabras se relacionan con nosotros de una manera física. Steiner dice tener una memoria fotográfica. Desde joven le gustaba aprender poemas y párrafos de memoria. Sentía un placer infantil, obtenía mucho gozo haciéndolo. Y lo ha hecho con dedicación, como si la memoria fuera un músculo, de la misma manera que la gente hace gimnasia. Luego, másadelante en la conversación volverá a esta idea. Cuando la memoria es grande, se convierte en una herramienta para dar consuelo, pues poder recordar poemas, frases, párrafos, ideas; de hecho, consuela. En su profesión, la gran pesadilla es perder la memoria, pero él ha sido muy afortunado, pues ha envejecido, y la tiene intacta.

Desde niño hacía listas. Las listas debían ser completas. “Si se te pasa un solo elemento pierdes la apuesta contra la totalidad”, nos lo asegura. Las listas han sido variadas, desde capitales, océanos, flores, ríos, compositores que han matado o han muerto asesinados, papas, hasta antipapas. La idea de que cada hoja de cada árbol, cada gota de agua es un universo en sí mismo, le da miedo, un miedo con dolor en el estómago. Terror sintió cuando descubrió que nadie podría nunca saberlo todo ni leer todos los libros ni visitar todos los lugares ni hacer un inventario de las cosas de la vida.

Steiner puede recordar, como si fuera ayer, el asombro y el terror que acompañaron su descubrimiento: la maravilla ante la complejidad y variedad del mundo, y el terror ante el número gigante de detalles imposibles de capturar. Y los detalles le parecen importantes; para hacérnoslo saber, recuerda las palabras de Tomas de Aquino: “Dios está en los detalles”.

Ni Kierkegaard en su libro sobre la repetición, ni Nietzsche con su idea del eterno retorno acertaron. Nada se repite, los eventos no vuelven, ni siquiera una frase que se dice dos veces es idéntica, ni al tocar una sinfonía se logra cada vez tocar exactamente la misma sinfonía. Es la inmensidad de lo particular lo que da miedo; sin embargo, hay gente capaz de ser indiferente al hecho de que nunca se sabrá cuantas estrellas hay en el universo y de que se quedarán sin ser nombradas. Es la sensación de extrañeza con la realidad la que lo asusta: el mundo es y será un lugar insólito que se burla de nuestra capacidad de conocer. Por eso, Carl Marx estaba equivocado cuando dijo que los hombres hacen preguntas cuando están listos para responderlas. Añade Steiner.

Nada puede ser controlado ni quedar completo. Steiner finalmente se resignó a los hechos obvios. Recuerda una conversación que tuvo de niño con un arqueólogo chino sobre los famosos soldados de terracota. El arqueólogo le contó que cada uno de ellos era único, y sin embargo, no le interesaba ni le preocupaba conocerlos, destaparlos y verlos todos. “Dejémoslos estar ahí, dejémoslos para que otras personas se encarguen de ver otros cientos, y otras, otros cientos, y así. Ya nosotros hemos vistos suficientes”, le dijo el profesor. Ese cliché chino le sirvió mucho al joven Steiner, pues en dejarlos como estaban había una actitud madura, tranquila, y sobre todo, una gran sensación de paz. Su miedo se fue trasformando después de esa experiencia. Ahora lo preocupa el estado del Planeta, el mundo que les va a tocar a sus nietos.

Steiner es judío, sus padres salieron a tiempo de Europa y se fueron para los Estados Unidos. Para Steiner es una realidad tangible el hecho de que un tirano puede quitarnos todo. Steiner es permanentemente consciente de que se puede perder todo lo que se posee de un momento a otro, y por eso, para él, los muebles que importan son los que se llevan por dentro. Es muy importante estar lleno de cosas que nadie te pueda arrancar.Piensa que somos lo que recordamos, y eso es lo que se lleva por dentro. En esta parte de la entrevista, Steiner da unos ejemplos literarios lindísimos y otros ejemplos de la vida real, de personajes famosos como el caso de Pasternak y su forma poética de librarse de ser arrestado recitando un soneto de Shakespeare.

 

Continuará.

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