Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

El déjà vu, lo ya vivido y la memoria

¿Quién no ha pensado en un instante dado que lo que ve o experimenta ya ocurrió en otro momento? ¿Quién no ha sentido que agarra emocionalmente algo que es intangible, como si lo supiera de manera supranormal, como si el yo se dividiera en dos, como si algo misterioso estuviera ocurriéndole? Si algunos no han tenido la experiencia del déjà vu (lo ya visto) debe ser porque son muy jóvenes.

Los más esotéricos no desean reconocer que la memoria guarda información que no se puede traer a voluntad a la consciencia. Prefieren creer que han vivido otras vidas que de muy bella manera se filtran y traspasan a la vida actual, y que todo ese asunto es real, y que el déjà vu es realmente el recuerdo de una experiencia vivida en otro nacimiento.

Dado que la conciencia y la razón existen para entender la realidad, para conciliar con esta, por eso a muchos no les parece lógico el sentir que conocen un lugar en el que nunca han estado o que ya tuvieron una conversación igual, que se repite, o que han vivido esa misma experiencia que están viviendo.

Pintura de Albert Pinkham
Pintura de Albert Pinkham

Resulta que hay variados factores que nos pueden producir la sensación del déjà vu: las triquiñuelas de la memoria, la mala memoria y el reconocimiento de patrones o la superposición de patrones conocidos sobre desconocidos. Incluso la experiencia del déjà vu, para tristeza de los espíritus románticos, se puede recrear en laboratorio.

La memoria es traicionera. Los sicólogos han demostrado, en variados y distintos experimentos, que somos susceptibles a inventar memorias de hechos que no nos han ocurrido, que somos proclives a cambiar los detalles o a tergiversar los hechos. Quienes hayan visto la serie Brain Games, en Netflix o en La National Geografic, si no les falla la memoria, recordarán varios episodios dedicados a demostrar lo inocentes que somos a la hora de percibir y recordar eventos de la realidad, lo susceptibles a cambiar la “historia” de un evento según la información proporcionada más adelante por otras personas. La memoria no es fija, se construye y reconstruye todo el tiempo; incluso, se almacena en distintas partes del cerebro, y se fija mejor si hay distintas situaciones y aspectos que permitan recordar el asunto, y varía si este nos importa mucho emocionalmente o nos es indiferente. Ni siquiera nuestra vida es como la recordamos. Gabriel García Márquez lo dijo con ingenio: “La vida no es la que uno vivió, sino la que recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Después de contada, ya no se sabe qué ocurrió y qué no. Es muy importante tener presente que la memoria se contamina, pues se le pueden implantar datos falsos, sobre todo en los niños se logra fácilmente al contarles una experiencia que ellos tuvieron, adicionando detalles falsos a la historia.

Por eso no se puede creer en lo que la gente cuenta, no porque mienta, sino por las falencias de la memoria. No solo no podemos creer en lo que otros cuentan si no que ni siquiera podemos creer en lo que nosotros mismos recordamos. De nuevo, es importante aprender a pensar con escepticismo y buscar siempre pruebas que apoyen la veracidad de nuestros recuerdos.

Sentir el déjà vu es más una cuestión de haber olvidado que hemos vivido una situación parecida, o lo que le es similar; es aplicar un patrón, una plantilla, una serie de lugares comunes –guardados en la memoria inconsciente– y reconocerlos vagamente en una situación nueva. El déjà vu resulta muchas veces cuando la conciencia olvida que vio o vivió algo parecido y de repente lo acomoda, lo ve o revive en la experiencia presente.

Anne Cleary, profesora de sicología en Colorado State University, en Fort Collins, ha recreado la experiencia del déjà vu en su laboratorio. Los probandos miran un videojuego en el que hay espacios y salas virtuales, como una bolera, una estación de metro, un acuario, un consultorio médico, etc. En la segunda parte del experimento, los probandos miran espacios nuevos y otros espacios similares a los del videojuego anterior. Se les hacen preguntas y estos alegan tener la sensación del déjà vu, cuando en realidad se trata de un cierto tipo de reconocimiento, de haber visto espacios similares mostrados en la primera parte del juego, pero con pequeños cambios que disminuyan el inmediato reconocimiento. Cualquier familiaridad con la experiencia anterior hace que el probando crea que está en la capacidad de predecir lo que va a pasar o que conoce las especificaciones del lugar, sin haberlas visto.

Dadas ciertas pautas en la información, tendemos a pensar que conocemos la dirección que van a tomar las cosas en el futuro, sin tener esa específica capacidad predictiva. En últimas, ciertos algoritmos que corremos muy bien para lidiar con la realidad no son perfectos.

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