Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Cómo identificar aves, un problema de ornitólogos

Los ornitólogos discuten entre ellos. Algunas veces, el ave pasa tan rápidamente como una exhalación, y en esos casos poco hay que hacer. Cuando se tuvo la suerte de haber tomado una fotografía o de haber filmado un corto video, al menos, el asunto puede ponerse ante los ojos de muchos, y que la discusión empiece. Ni años de experiencia garantizan la certera identificación de un ave.  Identificar es aplicar un conocimiento previo de patrones, y combinarlos.  Para las aves se trata de una serie de patrones de muy distinta índole, que posiblemente van de lo grueso o macro a lo delicado o micro.

Todos hemos tenido la experiencia, cuando niños, de confundir a nuestra mamá con una de sus amigas. Basta que tuvieran la misma estatura y un cierto estilo de peinado para que se nos traslaparan; claro, a primera vista. Eso de abrazar a mamá y luego ver que no era, nos ocurrió a todos estando niños, pues el reconocimiento cuando se es más joven es más burdo; a ver las sutilezas se aprende con el tiempo y la experiencia.

Vemos, pero todas las personas captamos cosas distintas al enfrentarnos al mismo objeto. Porque la realidad es una construcción de la mente. Y no vemos lo mismo, pues se aprende a ver. En cada campo especializado, el ojo se entrena para reconocer pequeñas diferencias entre características muy parecidas. Piense el lector en lo que le dice una imagen computarizada de una ecografía; probablemente no le dice nada.

Bueno, con las aves no es muy distinto, no importa que estas nos sean familiares; son tantas y tan variadas, que un especialista se puede pasar toda su vida estudiando una sola especie. Y habrá quien pueda reconocer un individuo de otro, como dicen que lo hacía el déspota Juan Vicente Gómez, en su caso no con aves sino con cada una de sus vacas, de las miles que pastaban en su hacienda.

 

Turdus grayi, Wilmer Quiceno

El proceso más burdo de identificación implica poner atención a la forma y el color. La forma resulta de la cabeza, la cola, las alas, las patas y el pico, la proporción entre estas, sus dimensiones y formas independientes. Después, identificar el colorido, teniendo en cuenta que este cambia según sea un ave macho o hembra y según la edad. El ave que pasa al frente de los ojos puede ser joven o vieja. Digamos que las que se encuentran en los libros son adultas, aves ya formadas, en su “estado” más permanente. Más sutil es conocer el atributo (si lo tiene) que la hace única. El problema es que ese atributo especial puede no dejarse ver en los segundos en los que el ave voló frente al observador. El comportamiento es una fuente de información importante; implica observar la forma como el ave vuela, la altura a la que lo hace, la forma como se mueve, como camina, como salta, cómo corteja y cómo canta.

El contexto agrega importante información: dónde estaba, qué árboles había en el lugar, cómo era el espacio, de qué podría alimentarse allí, qué podría estar buscando. La probabilidad de ver un ave específica que no es común o, por el contario, que es muy común, cuenta. El observador debe saber qué tan probable es ver, en América del Norte, por ejemplo, un Rusty Blackbird (Euphagus carolinus) o  un Brewer Blackbird (Euphagus cyanocephalus) pues, por cada mil de estos segundos, se encuentra uno de los primeros. La información de probabilidades debe ser siempre tenida en cuenta. Aunque altamente improbable, algunos alegan haber visto en la Zona Cafetera colombiana el Zorzal Ecuatoriano, siendo el Zorzal Pardo común en estas zonas.

Turdus ignobilis, LGO

En un principio, lo que hace la mente al ver un ave es crear una hipótesis que debe ser confirmada o negada. El pajarero debe luchar contra sus propios prejuicios, debe ir contra del efecto ancla, este es el que da mucha importancia a un rasgo específico  e ignora todos los otros. Debe ir contra el deseo de cerrar el asunto, y apreciar las evidencias, incluso si van en contra de sus primeras estimaciones, y debe confiar en la autoridad (sabiendo que no es infalible). Lo mejor cuando hay dudas, dicen los expertos, es la persistencia: seguir observando el ave tanto como sea posible, hasta encontrar nuevos datos.

Además existe Internet, para cotejar la información en foros abiertos, en los que se discute sobre el ave, con fotografías y videos; si la experiencia fue fugaz, es recomendable tener en cuenta que la mente puede engañarnos. Se ve lo que se espera ver, se ve con el deseo; lo hemos experimentado todos. Somos malos testigos oculares, lo han confirmado los sicólogos. En la memoria no podemos confiar, si nada se puede demostrar, deje, pajarero, el placer de lo que cree que vio, por especial que sea, dentro de usted.

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