Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

El cerebro es maleable, pero no como plastilina

Las personas que creen que uno solo desarrolla el diez por ciento del cerebro están mal informadas, tristemente. Podemos aprender muchas cosas, pero no infinitas cosas, podemos entrenarnos para distintas actividades, pero no siempre para aquellas que deseamos, ni lo haremos con la misma facilidad. Lo que sí es verdad para todos, los más capaces y los menos capaces, es que la habilidad para aprender es una característica destacada especialmente en el cerebro joven.
Envejecer es perder plasticidad y, por tanto, capacidad de aprender nuevas tareas; aunque, no se niega que los adultos y los viejos puedan hacerlo (en otro nivel). Incluso, hay edades óptimas para aprender las distintas actividades; los sicólogos las llaman ventanas. La ventana para la capacidad visual se cierra pronto. Para aprender a ver debemos estar expuestos visualmente al mundo, con los ojos en buen estado. El cableado del cerebro para esta función se conecta muy temprano en la vida. Los que son ciegos desde la infancia y luego recobran la visión cuando adultos no aprenden nunca a ver correctamente. Los ojos sí forman imágenes, pero sus cerebros no aprenden a interpretar correctamente la información visual que reciben. El lenguaje también necesita de estímulo temprano, pero es una ventana que se mantiene abierta hasta la adolescencia, para aprender un lenguaje nuevo como lengua nativa. Por eso es conocida la frase: Loro viejo no aprende a hablar. Sí aprende, pero mal, y no importa cuánto se esfuerce por perfeccionar la habilidad. Lo mismo pasa con los instrumentos musicales, el baile y los deportes. Si de niño no se aprenden, si se espera hasta llegar a la adultez, se puede estar casi por completo seguros de que la habilidad en esas tareas será mediocre.
Como padres, tenemos la responsabilidad de dar al niño estímulo temprano y variado para que, primero, descubra sus habilidades, segundo, tenga tiempo de formar el cableado suficiente y, tercero, pueda desarrollar al máximo su habilidad.
La plasticidad del cerebro no es como la de la plastilina, pues es limitada y seccionada. El cerebro está “seccionado” en módulos con distintas clases de neuronas conectadas de una cierta manera. Estos módulos, además, son semiespecíficos. Pueden desempeñar muchas funciones y conectarse con distintas secciones del cerebro, pero sus funciones serán delimitadas. Si debido a un derrame cerebral una persona pierde la capacidad del lenguaje puede recuperarla, pero solo si la sección del hemisferio opuesto localizada al mismo nivel está sana. El procesamiento del lenguaje: las palabras y la articulación, el contenido emocional y la musicalidad se reparten en los dos hemisferios, en la misma parte de la corteza. Lo que nunca va a ocurrir es que la corteza visual se vaya a ocupar, dado un daño, de las tareas relacionadas con el lenguaje o la motricidad, así como el hígado no se va a encargar nunca de bombear sangre al cuerpo.
Los cerebros cambian y se interconectan de maneras nuevas, lo que les da la capacidad de adaptarse dinámicamente a nuevos hábitats, con nuevos comportamientos. El cerebro no está “cableado” de una manera fija para algún comportamiento, digámoslo metafóricamente, sino que necesita ser nutrido permanentemente para mantener la habilidad. El cerebro necesita tener correctos la forma y el cableado, otorgados por la naturaleza, pero sin educación y retroalimentación funciona mal.
Lector, sea escéptico, no crea en los cursos para desarrollar su otro 90% del cerebro, no hay tal cosa, si está leyendo este artículo lo más probable es que sea un adulto y lo tenga plenamente desarrollado en su capacidad, la suya. Y si usted tiene más de veinticinco años, muchas ventanas se habrán cerrado ya. Aprenda nuevas cosas, por el placer de hacerlo pero no espero llegar muy lejos. Practique mucho las que ya sabe, si no quiere olvidarlas; es bueno saber que el cerebro desconecta el cableado que no usa, y primordialmente el de los aprendizajes que no se hicieron temprano en la vida.

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