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Publicado el Bajolamanga

En fin

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–En fin, ¿Te ha pasado algo así?

–No, no sé de qué me estás hablando.

Estaba hablando de cómo los recuerdos no me vienen a la cabeza como una cinta de filmación. Mis recuerdos no son consecutivos. Mis recuerdos son un montón de pedazos de cinta mordidos por un perro bravo y rabioso al que no me gusta ponerle nombre pero que tendría que llamar Tristeza.Mis recuerdos vienen como cuando intentás poner esa cinta magullada y rota en el proyector y solamente te deja ver unas partes defectuosas y feas. Vienen por relámpagos. Pienso en un día, y no puedo acordarme de cómo me sentí. Como si yo no hubiese estado ahí. Cómo si yo estuviese viendo una película con una protagonista parecida a mí, que se me hace familiar, pero no soy nada más que eso: un espectador. Supongo que es porque soy como quinientas personas al mismo tiempo –o he sido como quinientas personas durante toda mi vida– y eso está mal. Pero a mí me gusta. Me gusta gustar. Y para gustar tenés que moldearte. ¿A qué? A la persona con quién estás, obvio. Vos no sos el primero. No sos el primero que siente eso por mí. Eso a lo que vos le llamás enamoramiento y que a mí me llena de incertidumbre, dudas y náuseas. No sos el primero que siente eso. Pero no vas a ser el primero que va a dejar de sentirlo rápido. Te vas a dar cuenta que lo que veías en mí era una versión idealizada de mí, algo que vos estabas buscando con desesperación, aunque ni supieras que lo estabas buscando. Te vas a dar cuenta que lo que te gusta no soy yo, sos vos, sos vos y cómo te sentís –o como te hago sentir– cuando estás conmigo. Porque en tus ojos yo soy la mujer perfecta. Soy increíble, así me lo has dicho. Pero acordate que yo llevo toda mi vida viviendo conmigo y más de una vez he intentado hacerme dejar de existir. Y es que yo soy buena para un rato. No soy buena para quedarme. Por tu bien y por el mío. Si me quedo mucho tiempo te aburro, y si te aburro me aburro yo, y si me aburro yo ya no hay nada qué hacer. Ya no tenemos escapatoria. Si me aburro un día me despierto y te digo que no más, que necesito un tiempo, que no sos vos sino yo. Pero eso es pura mierda, obvio. Porque todo este tiempo no he sido yo, sino que has sido vos. Los dos estamos enamorados de vos, pero sólo uno se va a poder quedar con vos. Vos.

En fin, ¿te ha pasado algo así?

–No, no sé de qué me estás hablando.

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