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14
05
2014
Juan Sebastián López M

Colombia: una década de retroceso en integración Latinoamericana

Por: Juan Sebastián López M

El pasado mes de abril se llevo a cabo en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, el III Encuentro de Cuadros Jóvenes convocado por la Casa Patria Grande: Néstor Kirchner, institución adscrita a la Presidencia de la República de Argentina que tiene como misión promover la integración latinoamericana.

El siguiente es el texto de la ponencia que presenté en dicho encuentro como delegado del Polo Joven, organización juvenil del Polo Democrático Alternativo, a propósito de los procesos de integración que se adelantan en la región.

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COLOMBIA: UNA DÉCADA DE RETROCESO EN INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA

La llegada al poder de Lula da Silva en Brasil y de Néstor Kirchner en Argentina en 2003 así como el entierro del ALCA en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata en 2005, marcarían el inicio de una década de contrastes en cuando a integración se refiere. Grandes avances se han registrado pero así también importantes retrocesos.

Al ALCA se le daría la estocada final con un reconocimiento explícito de la asimetría en las economías del continente. Los países de la región que ostentan mayores grados de autonomía, dejaron claro que no reemplazarían la producción y el trabajo nacional por el extranjero y dejaron claro que no deseaban tratados inequitativos.

Lo que vendría tras el fracasó sería un cambio de estrategia. En lugar de la pretendida unión comercial de todos los países del continente desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, Estados Unidos se propuso concretar los objetivos del ALCA a través de negociaciones bilaterales de acuerdos comerciales, las cuales permiten reducir los riesgos de una negociación en bloque mientras se imponen con mayor facilidad los puntos de vista del poderoso de la ecuación, que siempre son ellos

La llegada de la Alianza del Pacífico ratifica este plan, pues resulta ser el corolario de los TLC bilaterales entre los países miembros y los Estados Unidos.

La Alianza del Pacífico es contra la CAN y el MERCOSUR

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La Comunidad Andina de Naciones es la empresa integradora más ambiciosa en la que Colombia ha participado en los últimos tiempos. Desde mediados de la década de los setenta, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú y Venezuela decidieron conformar una comunidad de países que además de tener una historia conjunta, una cultura e idiosincrasia similar, tiene un magnetismo natural que hacen de la CAN el mejor escenario de integración regional para Colombia y la mejor manera para que junto al MERCOSUR se pueda consolidar la unidad suramericana.

Aunque la CAN tiene una institucionalidad, una reglamentación y una mayor perspectiva de integración para la economía colombiana, la voluntad política del gobierno es la de impulsar la Alianza del Pacífico en detrimento de la CAN. En referencia a la industria automotriz el actual ministro de Hacienda se refirió en estos términos al viraje de Colombia de la CAN hacia la Alianza: “Nos deshicimos del viejo modelo del Pacto Andino, una camisa de fuerza que le estaba restando competitividad al sector automotor en Colombia”[1]

Paradójicamente, esto implica para Colombia el cierre de industrias y el reemplazo del trabajo nacional por el extranjero, ya que solo con México, por ejemplo, hay un déficit comercial que sobrepasa los USD 5.000 millones al año, debido a las importaciones industriales y agrícolas desde ese país.[2]

Para la Red Colombiana de Acción Contra el Libre Comercio “En realidad lo que se firmó con México, Chile y Perú es un TLC, cuya primera exigencia es tener ya un tratado de libre comercio con Estados Unidos, la Unión Europea y con los integrantes de la Alianza. No es una propuesta de integración regional ni latinoamericana, sino un escalón en la liberalización comercial mundial patrocinada por la OMC”[3]

La CAN resulta la mejor opción para Colombia desde el punto de vista de la integración, ya que le permite al país exportar a sus vecinos productos con valor agregado y profundizar en acuerdos comerciales en igualdad de condiciones. Por estás mismas razones se convierte en la mejor decisión política como camino hacia una mayor integración suramericana y latinoamericana. Entonces, ¿Por qué Colombia se la juega con una Alianza que va contra sus intereses económicos y obstaculiza la verdadera integración regional? La respuesta es tan sencilla cómo profunda: Porque Colombia ha sido gobernada durante los últimos años por una oligarquía que tiene sus intereses ligados a los del gran capital financiero y a los de Estados Unidos específicamente.

La clase  dominante en Colombia ha logrado separar tanto su suerte personal de la suerte del país que entre más se someta el país a las condiciones oprobiosas de los Tratados de Libre Comercio, más rentables y exitosos son sus negocios particulares y viceversa.

Para la muestra los resultados de los primeros dos años de vigencia del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos, en los cuales ya se han incrementado en un 27.1 %[4] las importaciones provenientes del país del norte mientras las exportaciones colombianas a ese país han disminuido en un 3.4 % con tendencia a empeorar. En dos años de TLC con Estados Unidos el superávit de la balanza comercial se redujo en 78% con pérdidas para Colombia por 6.525 millones de dólares y la balanza comercial es actualmente negativa para Colombia en  USD $-465 millones,  lo que no sucedía desde 1999. Esto se ha traducido en cierre de fabricas, reemplazo del trabajo nacional por el extranjero y ruina de la producción nacional. Sin embargo, el oficialismo dice que son buenos resultados. 

Se debe recordar que la política económica de los TLC es la misma que ha llevado a que Colombia ocupe el primer lugar en desempleo en América Latina y tenga uno de los peores índices de desigualdad del continente.

 

        La “Cooperación militar” y las bases gringas

Como es habitual, los intereses económicos del imperialismo van acompañados de la demagógica “cooperación militar”. La naturaleza del concepto quedó en evidencia con el indigno episodio de las bases militares gringas en suelo Colombiano, las cuales fueron defendidas por el ex presidente Álvaro Uribe y su ex ministro Juan Manuel Santos, hoy presidente de Colombia.

El propósito real de los Estados Unidos quedó al descubierto con un documento oficial del Departamento de la Fuerza Aérea del Departamento de Defensa de Estados Unidos, el cual sostenía que la base militar de Palanquero “garantiza la oportunidad para conducir operaciones de espectro completo por toda América del Sur”[5].

Colombia también es el tercer país del mundo más espiado por Estados Unidos. A diferencia de Brasil, cuyo canciller le exigió explicaciones al Departamento de Estado, el gobierno de Colombia agacho la cabeza y una vez más dejo para la historia un episodio de sometimiento y entrega de la soberanía nacional que avergüenza a los patriotas y demócratas del país.

En la actualidad, el gobierno de Juan Manuel Santos continua con la línea trazada por el gobierno norteamericano para los últimos gobiernos en Colombia; servir de punta de lanza para sus intereses globales en la región. Así lo anotó la colación “Colombia No Bases”; “El gobierno de Santos también juega su papel en la creciente estrategia de militarización estadounidense. Con razón Estados Unidos considera que la vinculación de Colombia al Consejo de Seguridad de la ONU es un voto más para sus planes, como quedó probado con el beneplácito colombiano a la invasión a Libia, para que EE.UU. se hiciera al control de sus reservas petroleras. No se puede olvidar que fue Santos, siendo ministro de Uribe, quien negoció y dejó listico el acuerdo militar que cedía el control de bases militares colombianas al ejército de Estados Unidos para sus aspiraciones hemisféricas. Acuerdo que, aunque la Corte Constitucional tumbó, se implementa en la práctica con millonarios contratos de adecuación de bases nacionales al servicio del ejército gringo”[6].

Influencia económica y militar conlleva influencia política

La dominación económica y militar trae consigo un sometimiento político de Colombia a los intereses imperiales de los Estados Unidos. En lugar de aumentar cada día sus márgenes de autodeterminación, como lo hacen la mayoría de países de la región, Colombia, ha viste reducido paulatinamente sus posibilidades de tomar decisiones propias.

Lo que para la mayoría de los países de Suramérica son diez años ganados en la construcción de una integración autónoma y benéfica para sus pueblos, en lo que respecta a Colombia es una década de atraso y consolidación neoliberal.

Aunque existen expresiones de resistencia y estás avanzan cada día en términos cuantitativos y cualitativos, la correlación de fuerzas en el interior del país aun le niega la posibilidad a Colombia de hacer parte de la tendencia regional hacia la recuperación de la Soberanía Nacional y en rechazo al neoliberalismo, tendencia que ha sido descrita por Jorge Robledo, senador del Polo y la mayor votación individual del país como una “evidente e inmensa corriente anti neoliberal, antiglobalización y antiimperialista contra Estados Unidos…una situación de rebeldía que busca enfrentar al neoliberalismo, a las privatizaciones, a la apertura, a los tratados de libre comercio, o sea al imperialismo”[7]

ConclusionesDATA_ART_1479533_BIG_CE

Latinoamérica es la zona más privilegiada del mundo para la integración. Además de compartir una historia común y una cultura que nos identifica en el mundo, contamos con la enorme ventaja de tener el mismo idioma en casi veinte países, tenemos riquezas naturales por doquier y un pueblo honesto y trabajador como el que más.

El proyecto de construir una verdadera integración Latinoamericana ha echado raíces con la UNASUR y la CELAC, sin embargo los Estados Unidos buscan torpedear esos importantes esfuerzos a través de los Tratados de Libre Comercio bilaterales y la conformación de bloques comerciales afines a la política neoliberal como la Alianza del Pacífico.

La mencionada Alianza se erige como el principal obstáculo para una verdadera integración latinoamericana y como una amenaza para la consolidación de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe. Además, la AP se constituye en un paso más en la estrategia norteamericana de enfilar baterías en la zona de Asía-Pacífico a través de instrumentos políticos y económicos como el TPP (Trans Pacific Partnership) acuerdo comercial que ha sido calificado como el peor de la historia. El TPP lleva 19 rondas de negociación en secreto y sin participación de los parlamentos nacionales ni la sociedad civil. Aunque parezca irrisorio, Colombia ha solicitado adherirse a este pacto ¡aun sin conocer lo que se ha negociado[8].

En contra de los deseos de los demócratas queda claro que el derrotado proyecto del ALCA de 2005 adquiere con la Alianza del Pacífico una victoria parcial que menoscaba los esfuerzos de unidad latinoamericana y que abre un boquete para la influencia norteamericana en momentos en que los escenarios de integración sin la injerencia habitual de los Estados Unidos se abre paso con fuerza en escenarios como UNASUR y la CELAC.

Los retos de esta generación son enormes. La juventud colombiana,  tiene la tarea de consolidar el Polo Joven como una organización de izquierda democrática que lidere la construcción del frente amplio antimperialista conformado por los sectores en resistencia a la recolonización y que han protagonizado grandes luchas sociales durante los últimos años como las luchas estudiantiles de 2011 o el Paro Agrario de 2013; entre estos sectores se cuentan productores agrarios, trabajadores del sector minero-energético, de la salud, transportadores, estudiantes, intelectuales, importantes sectores de la industria y el empresariado nacional, entre otros. Las fuerzas democráticas y progresistas del país tienen el objetivo de recobrar la soberanía que se ha visto paulatinamente soslayada desde hace más de cien años.

Como parte de ese camino, el Polo respalda el actual proceso de paz que se adelanta en La Habana entre el Gobierno Nacional y la guerrilla de las FARC. Dicha solución política al conflicto armado puede representar un importante avance para la lucha social en Colombia, sin embargo, ese apoyo al proceso de paz no ha sido óbice para que el Polo Democrático Alternativo señale con agudeza y valentía la política antinacional que ejecuta el actual presidente-candidato Santos quien aspira a la reelección. El Polo ha resumido su postura con una consigna, Paz Si, Santos No.

La candidatura de Clara López Obregón a la presidencia de la República abre hoy la posibilidad de recobrar la soberanía nacional y abrir paso a un programa democrático que rescate la producción y el trabajo de los colombianos y que le permita a su vez disponerse a procesos de integración mucho más acorde a la naturaleza e intereses de la inmensa mayoría del pueblo colombiano. Esos destinos quedan consignados en el programa presidencial de la izquierda colombiana el cual señala la necesidad de impulsar políticas para la integración de las naciones latinoamericanas y caribeñas que fortalezcan la soberanía en el contexto de la unidad latinoamericana expresada en los esfuerzos continentales de UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños-CELAC- de los cuales Colombia hace parte.

El camino es el de insistir en la integración con el mundo entero pero fundamentalmente con las naciones hermanas y vecinas de Latinoamérica, quienes están llamadas a construir una poderosa área de integración basada en el respeto mutuo, la autodeterminación de los pueblos, el fortalecimiento de los mercados internos y la producción y el trabajo de los pueblos de la Patria Grande.

 

JUAN SEBASTIAN LÓPEZ MEJÍA

Miembro del Polo Joven

Polo Democrático Alternativo

 

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